¿Están los espacios concebidos para albergar un solo tipo de música? ¿Cada estilo tiene su espacio predilecto? Se pueden entender que sí por cuestiones acústicas o de montaje del concierto, a no ser que, una mente brillante como la de Antonio Moral se encuentre tras una de las programaciones musicales más enriquecedoras de nuestra ciudad y país.

Asidua soy al Auditorio Nacional para disfrutar de grandes conciertos de música clásica – aunque el olor apolillado de los mismos provoque en mí una cierta alergia tediosa-. Por eso, tenía especial ilusión en el concierto programado en el ciclo FRONTERAS de CNDM el pasado 14 de abril: Juan Perro. El viaje y Cantares de Juan Perro.

A pesar de mi juventud, he escuchado grandes temas de Radio Futura y también de Juan Perro, quizás no de forma premeditada. Cuando se acercaba la fecha de este concierto no sabía muy bien que hacer, si empollarme todas las canciones de su último disco El Viaje, o ir a ciegas para dejarme sorprender. Decidí abrir mis sentidos a ciegas para no estar condicionada en esta velada.

Una sala de cámara variopinta y llena se encontraba expectante ante la salida de Santiago Auserón y sus grandes músicos. Este poeta, de narrativa envidiable, nos propuso El Viaje por sus Cantares de Juan Perro. Una voz que puede hacer lo que quiera, a pesar de perder el control brevemente en un par de ocasiones, comenzó su viaje en compañía de Gabriel Amargant – saxo y clarinete-, Joan Vinyals – guitarra- y Javier Colina – contrabajo-, estos dos últimos, de gran elegancia musical y destreza instrumental, me dejaron boquiabierta desde la primera nota.

Este concierto se caracterizó por un balance instrumental cuidado, donde brillaban sobremanera Javier Colina y Joan Vinyals. Amargant también destacó en varios momentos de este viaje, de forma más evidente con el saxofón que con el clarinete. El peso de Santiago Auserón está en la profundidad de su voz y de sus letras. Versatilidad vocal que refleja diferentes estados anímicos dependiendo de la armonía, tempo y estilo del tema.

Este cuentista, poeta y narrador, que se metió al público en el bolsillo desde el primer momento, comenzó su viaje a ritmo de vals, el de Los Inadaptados. Así emprendimos nuestra andadura sensorial hasta el siguiente destino: Nueva Orleans y su jazz de toques hispanos, el cual hizo que metiéramos los Pies en el barro. Sin zapatos, caminamos hasta México, En la Frontera donde hay flores sin temores. Y al emprender un viaje y traspasar fronteras, nos convertimos en El Forastero. Temas que conectaban a través de los interludios que Auserón ofrecía a su audiencia, montándonos en un tren de palabras para viajar de Nápoles a Rusia y disfrutar de El mirlo del Pruno. Nada fue lo que invocó las carcajadas del público hasta que llegamos a ponernos la peineta De un país Perdido. Quizás en ese país nos iremos A morir amores. Lo que realmente hicimos fue cantar, y es que no hay nada mejor que buscar la complicidad activa con el público.  El público puede convertir al artista en El desterrado o puede seguir festejando la música con él y su banda bebiendo Agua de Limón. Para recuperar la intimidad del auditorio, volvimos a nuestra adolescencia con Luz de mis huesos. Quedaban pocas etapas del viaje y decidimos irnos a Cuba con un buen ron y el son de Juana, la Perla Oscura. De allí a Brasil con la bossa de La mala fama y llegamos a nuestra última parada, sita en los Estados Unidos. Río Negro, con un toque country, consiguió un auditorio en pie y que no quiso uno, sino con dos bises, versiones de temas de grandes artistas: Flamingo de Duke Ellington y Hoy como ayer de Beny Moré.

Gracias también a Antonio Moral por este concierto y todos los programados en el CNDM. Moral seguirá al frente del CNDM por poco tiempo, aunque se va con los deberes hechos y la temporada 2018-2019 cerrada.