COBRAR POR LO QUE HACES

Lo más difícil de este post ha sido escribir su introducción.

Defender que hay que cobrar por lo que haces puede parecer surrealista. De hecho, colegas de otros sectores ni se lo plantean, pero en el sector de las artes escénicas es algo que debemos seguir reivindicando (muy a nuestro pesar).

Mi intención no es echar leña al candelero, es exponer, en base a mi trayectoria, los motivos que me llevan a no aceptar ciertos trabajos y explicar los motivos al ofertante.

MAMÁ, QUIERO SER ARTISTA

Cuando tenía 14 años, tuve muy claro que quería dedicarme a la música. Me imaginaba siendo una mujer directora. Con 18, dando conciertos. Con 22 enseñando todo lo aprendido y con 24, organizando proyectos culturales.

Check, check, check y check.

[Si no sabes de lo que hablo, puedes leer mi bio, ver mi portfolio o meterte en mi LinkedIn.]

 

Ir consiguiendo metas no ha sido, ni es tarea regalada. En mi caso ha requerido de mucho arrojo, perseverancia y creer en lo que hago. Contactos, ninguno. Todo desde cero.

Antes me costaba mucho crear y mantener esas relaciones profesionales. La timidez, la inseguridad, las creencias limitantes y la mala baba de algunos colegas, no lo pusieron fácil y provocó que yo tampoco lo pusiera en algunos momentos.

Afortunadamente, todo se trabaja, se mejora, se madura y puede tornar a mejores relaciones, mejores perspectivas y mejor gestión de situaciones. Así lo veo ahora después de mucho trabajo terapéutico, bastantes cambios en los últimos 4 años y tres oposiciones aprobadas (dos municipales y una autonómica). El trabajo se paga, que no nos engañen.

Recuerdo que finalicé mi (segunda) carrera en plena crisis financiera, 2012. Tras cuatro años en Sevilla, compaginando estudios con trabajos en escuelas de música y algunos eventos, volví a Madrid.

Hay que meter cabeza y luego ya será momento de pedir.

Confieso: acepté cosas gratis, mal pagadas y todo por el meter cabeza. Sí, lo he hecho. No es algo que niegue haber hecho. Es algo que me niego a hacer ahora.

2000€ POR UN IMPLANTE.

¿Cuándo fue la última vez que fuiste al dentista? Yo hace una semana, por eso comparto esta cifra.

Nos puede parecer caro o barato, podemos consultar con otros profesionales, pero no llegamos a cuestionar el precio en su totalidad. Confiamos nuestra salud bucodental a un profesional con una formación y experiencia dilatada. Le pagamos por ello y por su tiempo y, además, para cubrir los costes de los materiales que tenga que usar en la intervención.

¿Qué pasa con nosotros? Quizás deberíamos plantearnos cuánto han costado las 14 matrículas anuales que hemos hecho a lo largo de nuestros estudios de conservatorio, así como las tasas por asignatura, créditos, partituras, cursos, clases magistrales, viajes, instrumentos, utillaje y un largo etcétera que sufragaron nuestras familias si no tuvimos la suerte de contar con beca, como es mi caso. No entro a valorar, ni si quiera, el tiempo de estudio invertido.

Quizás podríamos ponernos un post-it en nuestro escritorio,  agenda o hasta una imagen de fondo de pantalla del móvil, para que no se nos olvide la cuantía de nuestra inversión. Inversión que hemos hecho a lo largo de nuestra formación y carrera profesional para llegar a donde estamos.

UNA COLABORACIÓN

Como ya exponía en párrafos anteriores, sí, yo también he hecho colaboraciones gratis.

Fueron decisiones que tomé en momentos concretos y de forma meditada. Necesitaba entrar en el mercado. Yo no tenía contactos y era una forma de, siendo estudiante o recién licenciada, darme a conocer. Por ello, entiendo que haya compañeros que se vean en la tesitura de aceptar estas condiciones para meter cabeza.

También es cierto que no hice muchas, porque lo de reclamar se me da especialmente bien.

El problema de esta casuística aparece cuando un músico profesional, con una trayectoria más dilatada, intenta abaratar costes a costa de terceras personas. Voy a poner un ejemplo:

La historia de Manolito

Manolito, estupendo clarinetista, el mejor de la Escuela de Música de su pueblo, consiguió un sueño: entrar en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Él, que era el mejor de su pueblo, iba sobradísimo y sabía que quería dedicarse a tocar el clarinete.

La realidad: termina la carrera y hay millones de clarinetistas mejores que él en el mercado.

Pero bueno, Manolito siempre ha sido un visionario, así que decide ponerse a estudiar dirección orquestal de forma particular. Su meta es dirigir la banda de su pueblo. Pero nada, de momento, ese puesto está ocupado y no hay previsión de que quede vacante. Así que se conforma con dar unas clases de clarinete en la escuela del pueblo de al lado. Las da, pero a disgusto. Esto no es lo que él quería. (Pobre Manolito, todavía no ha leído este artículo de Incubación de públicos)

De pronto, un día, a Manolito se le encendió la bombilla.

    • ¡Eureka! – pensó Manolito – ¿Y por qué no crear mi propia orquesta? Llamo a mis colegas y empezamos a montar conciertillos entre nosotros y si va saliendo bien, ya lo vamos profesionalizando.

Realidad: el proyecto nunca se llega a profesionalizar.

Manolito, que además de visionario, era avispado, se ha dado cuenta de que como él, hay miles de músicos. Gente con ganas de tocar y que tras meses desesperantes sin encontrar un bolo en condiciones, aceptar cualquier caché.

Esta historia es real. Y si no conoces a un Manolito, como diría La vecina rubia, lo mismo, Manolito eres tú.

¿Pasa algo por aceptar estas condiciones? Vuelvo a lo de antes. Cada uno baraja la situación en función de sus circunstancias, todas comprensibles: entrar en el mercado, compaginar la docencia con actividad artística, rodar programa…

Quizás, la pregunta que debemos hacernos es: Vale, estas son las condiciones pero, ¿quién y qué está detrás de ese proyecto? ¿Por qué esas condiciones? Y así, valoraremos la oferta con mayor conocimiento de causa, pudiendo tomar una decisión u otra en función de nuestras necesidades.

TODO ES RESPETABLE, MENOS EL ENGAÑO.

Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Por eso valoro mucho a los promotores que plantean los proyectos con transparencia. Los hay.

¿Quién no ha conocido a un Manolito lo largo de su trayectoria profesional?

(Recuerda que si no lo conoces, lo mismo eres tú.)

  • Los Manolitos te ofrecen oportunidades. Te ofrecen oportunidades porque su proyecto tiene proyección internacional y a largo plazo.
  • Los Manolitos lloran. Lloran porque pierden dinero con todo lo que hacen. Lloran porque sus proyectos les endeudan y por eso no pueden ofrecer más dinero a los artistas.
  • Los Manolitos, desprecian. Desprecian a la gente que trabaja con ellos si detectan talento o una predisposición diferente a la suya.
  • Los Manolitos dividen. Porque el divide y vencerás es el mayor aliado del ego y de la sinvergonzonería.
  • Los Manolitos abogan por un liderazgo tradicional. El liderazgo del  “Aquí mando yo y punto. Y quien no esté de acuerdo, ya sabe donde tiene la puerta.”

En este punto del post, debemos preguntarnos:  ¿por qué siguen existiendo? ¿qué podemos hacer para que dejen de existir? La respuesta fácil sería no aceptar sus ofertas de trabajo,  pero como ya he señalado antes, yo soy yo y mi circunstancia que decía Ortega y Gasset. Por ello propongo que huyamos de la queja de bar.

Si sabemos cómo gestiona Manolito sus proyectos y no estamos de acuerdo, confrontémoslo educadamente o marchémonos a un sitio mejor. Y si no nos queda otra que quedarnos, aceptemos los motivos que nos mantienen ahí, sigamos manteniendo un pensamiento lúcido y crítico y evitemos quejarnos continuamente para nada.  Seamos coherentes con nuestras decisiones.

EJEMPLOS REALES

Intentaré ser breve exponiendo tres ejemplos que me han ocurrido en el último año y medio:

  • Ejemplo 1: Ayudante de producción en una orquesta de un municipio madrileño.

Entrevista de trabajo en julio. Todo de carácter formal y bien organizado. Exponen labores y condiciones. Soy ayudante de los gestores de la orquesta. Dicen que no me preocupe, que ellos siempre van a estar ahí.

Condiciones: Posibilidad de contrato por temporada (un proyecto al mes) o facturación mensual por proyectos. A elección del trabajador.  Caché fijo por concierto. Paso el proceso de selección. Quedamos en hablar en septiembre. Me irán convocando para proyectos según se acerquen las fechas.

Comienzo a trabajar: Llega septiembre.  Me entero del primer proyecto por las redes sociales. Me convocan la tarde de antes al ver mis interacciones en esas redes. Al día siguiente, durante el ensayo de la agrupación me explican algunas de mis tareas. Me adapto, lo asumo con ganas (como es habitual) y espero a que sea el Presidente quien saque el tema del contrato o facturación. No comentan nada de contrato, ni forma de pago.

¿Qué aprendo? Nunca comiences a trabajar si no firmas nada antes. Esto pasa mucho en el mundo del bolo. ¿Podemos mejorarlo? ¿Cómo?

Realizo el primer proyecto. Servicios prestados pendientes de cobro.

Me convocan a la semana siguiente para el segundo. Comienza el proyecto 2. Me cito con el presidente y le pregunto por el contrato. Me dice que, consultando con su asesoría, no va a ser posible. Son una asociación y tienen pocos fondos.  Dependen de los pagos del Ayuntamiento para pagarnos y esos pagos tardan mucho. Me sugiere que facture mejor. Por mi parte sin problema. Me avisa de que cobraré a los meses. Decido, asumiendo el pago tardío,  terminar ese proyecto y el siguiente que ya me había comprometido.

El día del concierto de ese segundo proyecto, corroboro que hay personas que facturan y cobran antes. Los solistas.

Nota aclaratoria: no creo en los proyectos que hacen diferenciaciones de clase, más que nada porque yo los he gestionado con ayuntamientos de por medio y ningún agente  implicado a cobrado más tarde que otro. ¡Ah! Y cobraban al día siguiente de terminar el proyecto. Para eso los ayuntamientos ponen mediadores.

Me empiezo a mosquear. Me convocan para el concierto de año nuevo. Mis condiciones para participar en él: cobrar los proyectos realizados antes de que finalice el año. El Presidente llora por la falta de fondos. Le comento que no es mi problema, que entiendo estas situaciones pero que debían haberlo comentado antes. Yo tengo que cerrar el año y pagar facturas.  Se compromete a pagarlo. Le envío la factura. No me dan confirmación de recibido. Se hacen los suecos. Tengo que empezar a ir detrás de ellos las semanas previas a la navidad.

Llega la tarde de antes del primer ensayo del cuarto proyecto. Me escribe el Presidente preguntando si voy a ir al ensayo mañana. Le digo que me pone en una tesitura muy difícil, le comenté que mi condición era cobrar antes del 23 de diciembre, estábamos a 29 y no había recibido el pago. Empieza con evasivas. Me mantengo firme en mis trece. Me dice que mañana me hace el ingreso del dinero de su bolsillo, pero que no hace falta que vaya al ensayo. Lo acompaña de un extenso mensaje en el que, resumiendo:

  • Intenta hacerme dudar de mi profesionalidad por pedir lo que se acordó.
  • Me tilda de pesetera. Dice que no he entendido que su proyecto es de naturaleza social y de amigos que se juntan para hacer música.
  • Todos los músicos implicados saben cuáles son las condiciones y que cobrarán a los meses. Da a entender que yo debería hacer lo mismo.

¿Qué aprendo? Que no es lo que ocurre, sino lo que se hace con lo que ocurre.

Mi profesionalidad está ahí. La naturaleza social de los proyectos se plantea el día de la entrevista. Nuestra relación es de empleado-empleador, no de amigos. Mi tiempo, al igual que el vuestro, vale dinero. Si no tienes fondos para montar proyectos, no los montes. Siento que haya compañeros que se vean en la necesidad de aceptar estas condiciones. Les recomiendo que se den el valor que tiene.

  • Ejemplo 2: Las vacaciones pagadas.

Todo el hilo en mi twitter [AQUÍ]

  • Ejemplo 3: La grabación para una artista con mucha proyección

Me canso de contar más de lo mismo. Breve resumen en estos tuits: [AQUÍ]

HAY GENTE QUE TRATA BIEN A LOS ARTISTAS

Los hay, ya lo he dicho antes.

Llegados a este punto sólo hacen falta dos cosas: saber encontrar a esas personas y, más importante aún, darnos el valor que tenemos.

No es arrogancia saber qué hemos hecho y fijarnos un caché en función de nuestros logros tangibles. Sí, tangibles y constatables. Evitad innovaciones de humo. Ya sabéis, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

Cobrar por lo que hacemos es poner en valor todo el tiempo y dinero invertido a lo largo de nuestra carrera. Es dar valor a nuestros conocimientos y experiencias. Es darnos valor. Y eso, solo lo podemos hacer nosotros.

 

Recordemos:

  • Podemos haber aceptado condiciones cuestionables y no querer aceptarlas más. Es crecimiento y trayectoria.
  • Podemos apostar por un proyecto ajeno involucrándonos en él, pero nos deben mejorar las condiciones con el paso del tiempo. Porque nuestro tiempo también es dinero.
  • Podemos tener colegas que aceptan malas condiciones, pero eso no nos afecta. Realmente no nos están quitando la cuota de mercado que nos interesa: aquella en la que valoran el trabajo y pagan bien.
  • Podemos aceptar colaboraciones por cachés simbólicos. Una vez, no cincuenta.
  • Podemos decir que no a una oferta y no sentir miedo si no nos vuelven a llamar.
  • Podemos comentar educadamente los motivos por los que no aceptamos las condiciones. Es una manera de darnos valor.
  • Podemos iniciar un proyecto pero si no hay dinero para costearlo, mejor no hacerlo. Primero busca la financiación y después busca al equipo.
  • Podemos preguntar abiertamente cuáles son las condiciones económicas y de contratación. No debe darnos miedo. Si te dejan de llamar por eso, seguramente no te iban a ofrecer nada bueno.
  • Los ensayos se pagan, es tiempo de trabajo.
  • Las ofertas de empleo son más trasparentes si publican todo lo que ofrecen,  no solo lo que demandan.

Somos parte del sistema y por eso tenemos poder para mejorarlo.

Esto es un artículo de opinión. No pretendo aleccionar a nadie. Yo también he tomado malas decisiones y no soy ejemplo de nada. Los que me conocéis, sabéis que peleo por la subida de cachés incansablemente, tanto que perdí un puesto de trabajo por luchas colectivas que llevé a cabo en solitario y por el bien del equipo. Respeto enormemente las circunstancias de cada colega aunque ya no las comparta.
Mi deseo: la unión del sector para una mejora de condiciones. Que dejemos de tirar balones fuera. Que vayamos al bar a brindar por nuestros logros y no a lamentarnos por los avispaos. Que los Manolitos sean exclusivamente croissants y que las ideas las materialicemos con buenos y solventes planes económicos detrás. Si quieres que te cante, la pasta por delante. 

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