VUELTA AL COLE, ¡CON MÚSICA!

Hoy, día 9 de septiembre, en muchas comunidades autónomas ha dado comienzo el curso escolar. Muchos de nosotros afrontamos, con ganas, un nuevo periodo de aprendizaje junto a la comunidad educativa.

Los días previos a este comienzo, mientras los más pequeños, en compañía, ultiman los preparativos de para empezar el cole, los docentes preparamos nuestras clases para hacer de este curso algo muy especial.

En mi caso, comencé a preparar todas las actividades de este curso a final del anterior; lecturas, partituras, actividades transversales, materiales, audiciones, etc. Curiosear hasta la saciedad para enriquecerme, compartirlo y aprender junto a mis alumnos.

Mi tarea, al igual que la de muchos colegas, no es fácil: después de 8 horas lectivas y tras apenas algo de descanso, centenares de alumnos acuden a la escuela de música. Y es que es sencillo: se lee en numerosos artículos, que los estudios de las más prestigiosas universidades, subrayan que la música es beneficiosa para el desarrollo de los más pequeños, más o menos.

Lo cierto y verdad, es que es así. En este blog he hablado de como la música ayuda a desarrollar la concentración y el talento, o de cómo se asemeja a la expresión oral del lenguaje.

El 100% de los niños (y familias) comienzan su trayectoria musical muy emocionados puesto que tienen el fin muy claro: tocar un instrumento, porque así se lo han recomendado a mi hijo, o porque las capacidades de mi hijo son extraordinarias (No olvidemos que todos somos extraordinarios). La realidad es que con el paso de los meses, el porcentaje de emoción y motivación disminuye. Lo extraordinario y las recomendaciones desaparecen y la responsabilidad de que esto ocurra recae exclusivamente sobre los docentes, en la mayoría de los casos

¿El motivo? La falta de resultados inmediatos.

¿El motivo real? La falta de información, tiempo y comunicación. Olvidamos que la educación es un proceso de comunicación triangular y compartida, en el que están involucrados alumnos, familias y profesores. Además, como cualquier aprendizaje –hasta el de jugar al Fornite – requiere de tiempo, observación y predisposición.

Hoy en día ¿estamos dispuestos a ello?

EVITANDO LA TRAGEDIA CON MÚSICA

Hace unos días, comenzó a circular por las redes sociales un escrito firmado por el Dr. Luis Rojas Marcos, aunque parece ser que la autoría es de la terapeuta ocupacional canadiense Victoria Prooday. En él, se comenta que << hay una tragedia silenciosa que se está desarrollando hoy por hoy en nuestros hogares, y concierne a nuestras más preciosas joyas: nuestros hijos. […] Los niños de hoy están siendo sobre-estimulados y sobre-regalados de objetos materiales, pero están privados de los fundamentos de una infancia sana, tales como:
• Padres emocionalmente disponibles
• Limites claramente definidos
• Responsabilidades
• Nutrición equilibrada y un sueño adecuado
• Movimiento en general pero especialmente al aire libre
• Juego creativo, interacción social, oportunidades de juego no estructurados y espacios para el aburrimiento >>

El artículo, el cuál no cito en su totalidad, me hizo replantearme el papel que, desde la pedagogía musical, puedo desarrollar ante esta situación.

Se habla de familias poco disponibles, distraídas digitalmente (normalmente por atender a cuestiones laborales fuera del horario de trabajo) y por ende, permisivas e indulgentes. Cierto es que, las actividades extra-escolares ofrecen ayuda a la conciliación familiar, y los padres y madres acuden a nuestros centros por ello. ¿Mí, nuestro papel? Ir más allá de una necesidad horaria.

Volviendo al artículo, se enumeran una serie de acciones que ayudarían a que los más pequeños sean individuos saludables:

  • Establecer límites.
  • Ofrecer un estilo de vida equilibrado solo con lo necesario.
  • Aprender a decir no.
  • Pasar tiempo con los niños haciendo actividades al aire libre o manuales.
  • Evitar el uso de aparatos electrónicos.
  • Enseñarles a esperar y ser pacientes.
  • Etc.

La educación musical, si la tomamos como lo que realmente es, la arteria aorta del sistema educativo y no como extra-escolar, puede ayudar a poner en marcha estas acciones.

LA MÚSICA, ALGO MÁS QUE UNA EXTRA-ESCOLAR

Quizá es evidente que la música puede ayudar a apartar los dispositivos electrónicos de los más pequeños y, también, a ayudar a ser paciente, responsable y organizado.

Es un trabajo en equipo y complementario entre docentes y familias. A pesar de los numerosos artículos de los que hablaba al principio de este post, debido a la falta de comunicación e información entre nosotros, las familias desconocen todo lo que puede hacer la música para enriquecer a los más pequeños.

Además de los conocimientos específicos de la materia, la música, nos iniciará en el trabajo grupal, en la escucha colectiva, en el pensamiento crítico, potenciando las competencias sociales.  A medio largo plazo, mejorará las respuestas cerebrales del individuo y, a través de las artes, podrá abrirse al conocimiento y desarrollar su criterio personal. Esta disciplina desarrollará la autonomía y la capacidad de tomar decisiones de los estudiantes al igual que su creatividad, incrementando también la memoria. También puede ser una manera magnífica de compartir tiempo con los niños viendo lo que son capaces de hacer y valorando su esfuerzo.

Si leemos las sugerencias del citado artículo, podremos comprobar que la música puede ser muy útil para llevar a cabo esta tarea educativa.

Familias, hablemos entre nosotros. Tenemos algo muy importante en común, la educación de vuestros hijos. Nuestra comunicación puede hacer que esta sea extraordinaria.

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